—Has tardado en llegar, Julián —dijo el hombre—. El archivo que descargaste era una invitación, no una lectura.
La bahía interior no tenía olas. El agua era un espejo perfecto que reflejaba un cielo estrellado que no correspondía a esa latitud. En el centro, una estructura de madera flotaba en silencio: una biblioteca circular, sin paredes, protegida solo por la extraña calma del lugar.
—Es el lugar donde las historias que el mundo olvida vienen a refugiarse. Aquí, el tiempo no corre; solo fluye la memoria. La bahia ar.epub
—¿Qué es este lugar? —susurró Julián, guardando su lector.
¿Te gustaría que hacia algún género específico como el terror o el romance, o prefieres que desarrolle más el misterio de la biblioteca? —Has tardado en llegar, Julián —dijo el hombre—
Siguió las instrucciones. Al principio, parecía que iba a estrellarse contra una pared de granito, pero justo antes del impacto, la corriente lo succionó hacia una grieta invisible. Al cruzarla, la realidad cambió.
— “Donde el agua se vuelve mercurio y el viento deja de soplar, gira el timón hacia el sur, aunque la vista diga que solo hay roca” — leyó en voz alta. El agua era un espejo perfecto que reflejaba
Julián apagó el motor de su pequeña lancha. El silencio en la bahía era tan denso que casi podía tocarse. Consultó el archivo una vez más. La pantalla emitía una luz azulada que contrastaba con el naranja agónico del atardecer.